Deja tus problemas en la barra y salta a la pista. Baila, baila y olvídate de los despertadores, los esquemas y los tropezones al subir las escaleras. Aquí no hay normas ni enemigos, sólo estáis tú y esas notas musicales desorbitadas.
Quitate el reloj y esa obsesión por ser el centro de atención, a cambio tendrás ganas de vivir. Sé tú mismo sin miedo a descubrir tu autenticidad.
Así es la noche: ella libera en nosotros las fuerzas que, durante el día, son dominadas por la razón.
Y como bien decía aquella canción de Amaral:
"Toda la noche en la calle, cuando llegue el nuevo día dormiremos a la orilla del mar."
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