Cierro los ojos y aún puedo ver tu sonrisa, recordar tus palabras, oler tu perfume. Pero luego vuelvo a abrirlos y te pierdo. Intento retenerte, agarrarte pero mi mano siempre se cierra en torno al aire. Entonces, temblando de miedo, vuelvo a cerrarlos y estás ahí para reconfortarme. Eres tan real. Pero a pesar de ello, sé que cuando regrese al mundo cruel, tú no estarás. Ni tu sonrisa, ni tus palabras, ni tu perfume, ni tu tranquilizador abrazo. Te has ido para siempre, para todos… excepto para mí. A mí sigues acompañándome, apoyándome, en ocasiones persiguiéndome como un mal recuerdo. No consigo dejarte atrás. Quizá es que no he madurado todavía, tal vez no lo haga nunca. No maduraré si no te abandono y no pienso hacerlo, tú tampoco lo hiciste. Así que seguirás siendo mi refugio, mi pedacito de mar en calma en medio de la tormenta. Gracias
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