No sé que es lo que has hecho. Y no sé que es lo que estoy haciendo.
Yo, que me juré a mí misma no enamorarme, te estoy esperando.
A ti, a que digas algo, o a ser capaz de decirlo yo.
Y en todos los otros a los que miro sólo veo parecidos contigo. Luego, por la noche, te sueño. Y te sueño también de día; a tal punto han llegado mis desvaríos.
Pero aún así sigo escondiéndome en mi silencio, como una cría. Esperando un gesto, tu permiso para abrir mi corazón. Mi corazón de hielo fundido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario