Encontré en tus ojos las promesas que necesitaba para continuar. En tu sonrisa reposaba la seguridad y la confianza que me guiaron con mano firme hacia la felicidad.
Tus oídos fueron siempre refugio para mis palabras; tus brazos, puerto seguro para mi alma.
Escondiste tus palabras por todos los rincones de la casa, sabios consejos y ánimos ocultos bajo cada cojín, cada taza, cada manta con olor a ti.
Hallé en tu pecho la almohada perfecta; en tus manos, el apretón necesario para recobrar fuerzas. En tus labios, el sabor del beso deseado. En tu tacto, el estremecimiento de mi médula. En tus llantos, las ganas de consolar. En tus abrazos, una estufa para mi corazón en los días de duro invierno.
Encontré en ti más de lo que buscaba, más de lo que merecía.
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