A él le gustaba mirarla y que ella lo mirase, a ella también le gustaba que él la mirase, pero cada vez que él lo hacia ella se sonrojaba y le apartaba la mirada tan penetrante con esos ojos verdes...
Él sabía que ella se incomodaba cuando posaba sus ojos sobre ella, algo que a él le volvía loco por eso lo hacia con mucha frecuencia...
Algo que a él le encantaba era que ella le diese besos en el cuello tan suaves, cosas que ella sabía que le gustaba demasiado por eso siempre que podía atacaba, él lo intentataba también pero ella nunca le dejaba porque el suave roce de los labios de éste en su cuello la hacía enloquecer por eso él siempre le robaba besos imposibles y ella se estremecía cuando lo hacia y lo abrazaba, él echaba una risotada, ella se enfadaba y le daba un beso penetrante, hiriente, que le hacía sufrir eso le producía a él un escalofrío que le recorría todo el cuerpo, en ese preciso instante ella se empezaba a reír y él hacía lo mismo; una carcajda sonora, llena de magia, de dulzura, de amor, de complicidad, una risa profunda de esas que te salen del alma y te llegan a las mejillas y hacen que te ruborices.
En fin cuando estas enamorado de un grano de arena puedes llegar a formar una montaña
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