¿A quién no le apeteces una buena taza de chocolate caliente con nubes? aquí tienes una excusa para tomártelo mientras lees nuestras estupendas historias...




domingo, 3 de abril de 2011

52

Miraba al infinito mientras se lamentaba. ¿Cómo había hecho aquello? La quería y la había dejado marchar, es más, la había obligado a hacerlo. Su corazón egoísta lloraba ahora por la pobreza de ánimo que había demostrado. Los celos que lo carcomían lo habían convertido en un ser hueco. Despojado del bello amor inicial, un amor libre que había sido sustituido por uno posesivo. Pero poseer no es amar. Amar es algo mucho más grande, es precisamente no poseer, ni necesitarlo. Amar es estar a gusto. Pero para ser amado hay que respetar y él no había sabido hacerlo.
Siente que sus ojos se llenan de lágrimas y se le escapa una risa nerviosa. .
Todo aquello de lo que se lamenta lo había hecho para demostrarse a si mismo que era fuerte, que dominaba. Y ahora está llorando como un niño pequeño.
Se va a tapar la cara con las manos y entonces las ve, empañadas por el muro de lágrimas tras el que se esconden sus ojos, sí, pero también ensangrentadas.
Entonces, dándole un beso de despedida a la que fuera su amor, se clava el cuchillo en el corazón. El cuchillo ya manchado, ahora con sangre de los dos, intentando saldar así su deuda
Pero una vida no se paga con otra, ya es tarde. Cincuenta y dos puñaladas tarde.

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