Se vistió y salió a la calurosa noche dispuesta a comerse el mundo. Melena suelta, falda corta y de sonrisa fácil, se deslizaba por la atestada pista de baile sin esfuerzo alguno, vibrando al son de los altavoces. Bailaba como nadie, parecía brillar con luz propia entre gente que se agitaba sin ningún ritmo. Disfrutaba cada vez que alguna mirada se posaba sobre ella, deleitándose con el espectáculo que ofrecía. Su cuerpo parecía mecido por alguna fuerza sobrenatural y sus ojos tenían un brillo antinatural bajo las luces de la discoteca. Compartió baile con algunos atractivos jóvenes que quedaban hechizados con su cercanía. Pero contra todo pronóstico, volvió sola a casa, feliz exteriormente pero decepcionada en lo más profundo de su corazón; porque una noche más se había esfumado sin que ella hubiese encontrado a su príncipe azul, ¿quién sabe? Quizás esa no fuera la mejor forma de buscarlo o quizás esa no era la noche
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