Ansiábamos este momento sin desear que llegara.
Tanto tú como yo detendríamos el tiempo, para poder paladear a gusto las lágrimas.
Y es que duele, duele pero a su manera. De un modo especial. Porque nos sentimos orgullosos de haber llegado hasta aquí, felices de haberlo conseguido. Y al mismo tiempo, nos arrepentimos de haberlo hecho, porque eso implica que se acabó.
Las lágrimas paran en la comisura de nuestros labios, arqueados en sonrisas de satisfacción, y esperan ahí a que una lengua pase a recogerlas con su punta y las deguste.
Es difícil deciros adiós, nueva etapa, nos veremos.
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