Caen despacio las gotas de lluvia sobre nuestros cuerpos exhaustos, tendidos en la hierba.
Aún duele el pecho por la risa, dura todavía el sonrojo en las mejillas.
Estamos tumbados mirando las nubes pasar, con nuestras manos entrelazadas.
Atrás quedan las carreras para cogernos, las risas escandalosas, la adrenalina mezclada con amor.
La suave lluvia que cae refresca nuestros cuerpos y calma nuestros ánimos.
Ese amor en ebullición del que gozábamos hace apenas unos minutos se prepara ahora a fuego lento; despacito, que sabe mejor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario