Se irán los partidos en aquella plaza.
Se irán los helados de chocolate a la salida del colegio, las confidencias con la puerta del baño atrancada, puede que hasta dejemos de sorbernos los mocos.
No volveremos a comer los caramelos con esa mirada traviesa, ni a jugar con plastilina, ni a intercambiar cromos.
Todo eso se acabó.
Pero quedamos nosotras, juntas y en pie incluso después del vendaval.
Seguiremos prometiendo no cambiar.
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