Prométeme que no te irás. Te lo prometí, y ahora eres tú quien está haciendo las maletas.
Mientras, yo doy vueltas por la casa, furiosa por no haberte echo prometer lo mismo, consciente de que no hay absolutamente nada que te ate a mí, de que no hay ninguna razón por la que debas quedarte. Y yo quiero irme, quiero irme contigo pero sé que no puedo porque te prometí que no lo haría.
No sé cuanto tarda en perder valor una promesa, pero por el momento quedamos yo y esta estúpida casa vacía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario